Comisión, alquiler o mixto: qué modelo te conviene realmente
12 de septiembre de 2026 · Equipo Teser

Llevas meses dándole vueltas: ¿cobras un porcentaje a tus artistas, les alquilas la cabina o mezclas ambas cosas? La pregunta parece técnica, pero en realidad decide quién asume el riesgo del mes malo, quién se beneficia del mes bueno y qué tipo de artistas vas a atraer y retener. No hay modelo "correcto": hay modelos que encajan con tu estudio actual y otros que te van a explotar en la cara dentro de un año.
Vamos a los tres, con números reales, no con generalidades.
Porcentaje: tú cobras cuando ellos cobran
Es el modelo más extendido en España, sobre todo en estudios que empiezan o que trabajan con artistas junior. La lógica es simple: el estudio se lleva entre el 30% y el 50% de cada tatuaje, y el artista se lleva el resto. Sin trabajo, sin cobro para nadie.
Ejemplo real: un artista factura 3.000 € en un mes flojo. Con un 40% para el estudio, tú ingresas 1.200 €. Si ese mismo artista tiene un mes bueno y factura 6.000 €, ingresas 2.400 €. El riesgo de las rachas bajas lo compartes, pero también compartes la subida.
El problema aparece con los artistas consolidados. Uno que factura 8.000 € al mes sabe perfectamente que está pagando 3.200 € de comisión, y en algún momento hace la cuenta de cuánto le costaría un alquiler fijo de 600-700 €. Ahí empiezan las negociaciones incómodas o las fugas a otro estudio con condiciones mejores para él.
El porcentaje también te obliga a llevar un control exhaustivo de facturación por artista, señales, propinas y devoluciones. Si no tienes un sistema claro para registrar quién cobró qué y cuándo, acabas discutiendo cifras a fin de mes con gente que no tiene por qué fiarse de tu memoria.
Alquiler fijo: previsibilidad a cambio de renunciar a la parte alta
Aquí el artista te paga una cantidad fija —digamos 500 € al mes por cabina— y se queda con el 100% de lo que factura. Tú sabes exactamente cuánto vas a ingresar por esa cabina cada mes, hagas la previsión que hagas.
Esto funciona muy bien con artistas establecidos que ya tienen clientela propia y facturan de forma estable por encima de los 4.000-5.000 € mensuales. Para ellos, pagar un fijo de 500-700 € es mucho más barato que un 35-40% de comisión, y lo saben. Si no les ofreces esta opción, se la va a ofrecer otro estudio.
El riesgo es tuyo: si el artista tiene un mes malo, un problema de salud, unas vacaciones largas o simplemente decide bajar el ritmo, tú sigues necesitando ingresar ese fijo o cubrir el hueco. Y si la cabina se queda vacía dos meses mientras buscas sustituto, esos 500-700 € desaparecen de tu cuenta sin que nadie los compense.
También cambia la relación: un artista que paga alquiler fijo es, de facto, un inquilino, no un colaborador al que supervisas de cerca. Puede rechazar clientes que no le interesan, fijar sus propios horarios dentro de lo pactado y decidir su agenda sin que tú tengas mucho margen para pedirle explicaciones. Si tu estudio depende de una imagen de marca unificada, esto puede chocar.
El modelo mixto: el que más se está imponiendo en 2026
Cada vez más estudios en España están pasando a un híbrido: un alquiler fijo reducido (200-350 €) más un porcentaje bajo (10-15%) sobre lo que factura el artista. La idea es repartir el riesgo entre las dos partes sin que ninguna cargue con todo.
Ejemplo con cifras: alquiler fijo de 300 € + 12% de comisión. Un artista que factura 4.000 € en el mes te deja 300 € + 480 € = 780 €. Si factura 7.000 €, te deja 300 € + 840 € = 1.140 €. Comparado con un porcentaje puro del 35%, este artista pagaría 2.450 € en el segundo caso, así que el mixto le compensa claramente y a ti también te sigue interesando porque tienes un suelo garantizado.
Este modelo suele funcionar mejor con artistas de nivel medio-alto, los que ya no aceptarían un 35-40% puro pero tampoco tienen clientela suficiente para asumir un alquiler fijo alto sin comisión. Es el punto intermedio que evita tanto la fuga de talento consolidado como el riesgo total de la cabina vacía.
La pega: es más complejo de explicar y de gestionar. Necesitas dejar por escrito qué se considera facturación bruta, si las señales cuentan, qué pasa con las devoluciones y los retoques gratuitos, y tener un sistema de registro fiable para no acabar discutiendo el cálculo cada mes.
Qué modelo elige cada perfil de artista
No hay un modelo único para todo el estudio, y de hecho mezclar modelos según el artista es habitual y razonable, aunque incómodo de explicar si no lo dejas claro desde el principio.
Un artista junior sin clientela propia normalmente prefiere el porcentaje: no arriesga nada si el mes es flojo, y el estudio le trae parte del trabajo a través de redes o recomendaciones. Aquí el 40-50% de comisión suele ser justo porque el estudio está invirtiendo en visibilizarlo.
Un artista consolidado con lista de espera propia va a preferir alquiler fijo o mixto, porque cada euro de comisión que paga por encima de lo que le cuesta un fijo es dinero que regala. Si tienes a alguien facturando 6.000-8.000 € constantes y sigues cobrándole un 35% puro, es cuestión de tiempo que se lo lleve otro estudio con mejores condiciones.
El error habitual es aplicar el mismo modelo a todos por comodidad administrativa. Es más fácil de gestionar, sí, pero también es la razón por la que muchos estudios pierden a su mejor artista justo cuando empieza a ser rentable.
Lo que nadie te cuenta: el coste de cambiar de modelo
Cambiar de modelo a mitad de camino con un artista que ya lleva un año contigo genera fricción, casi siempre. Si pasas de porcentaje a alquiler fijo, el artista puede sentir que le estás trasladando un riesgo que antes asumías tú. Si pasas de alquiler fijo a mixto, puede sentir que le estás "metiendo mano" en su facturación.
La forma de hacerlo sin romper la relación es anunciarlo con antelación —un mes mínimo—, explicar los números con ejemplos concretos como los de arriba, y ofrecer el cambio como una opción a partir de una fecha, no como una imposición retroactiva. Si el artista ve que con el nuevo modelo sale ganando o al menos empatando, lo acepta sin drama. Si sale perdiendo, buscará otro estudio, y es mejor saberlo antes de perder tiempo.
Cierra el modelo por escrito, no de palabra
Sea cual sea el modelo que elijas, el problema real no suele estar en el porcentaje o la cifra del alquiler, sino en no tenerlo por escrito y bien definido: qué cuenta como facturación, cómo se gestionan las señales, qué pasa con los retoques gratuitos, cuándo se revisa el acuerdo. Un contrato de colaboración claro evita el 90% de las discusiones de fin de mes.
Si además llevas el control de facturación por artista de forma manual, en hojas de cálculo o cuadernos, vas a tener discrepancias tarde o temprano. Herramientas como Teser permiten registrar cada cobro asociado al artista que lo generó y sacar el cálculo del mes sin discutir cifras: complementa la decisión sobre el modelo, no la sustituye.
Foto de portada de Dmitry Kropachev en Unsplash.


