Precios, señales y horarios propios sin caos en tu estudio
28 de septiembre de 2026 · Equipo Teser

Un cliente llama preguntando precio de un tatuaje mediano en el antebrazo. Tú le dices 150€. Resulta que ha hablado antes con otro artista de tu propio estudio, que le cotizó 220€ por algo parecido. El cliente cuelga pensando que sois unos chapuceros que ni entre vosotros os aclaráis. Y tenía razón: no os aclarabais.
Esto pasa en casi todos los estudios con más de un artista. Cada uno tiene su tarifa, su forma de cobrar señal, sus horarios de trabajo. Es normal y hasta sano —un artista con 15 años de oficio no debería cobrar igual que uno que lleva dos—, pero si no lo organizas por dentro, el caos se lo come el cliente, y de rebote te lo come a ti en forma de quejas, confusión en recepción y reservas mal hechas. Aquí va cómo montar esa flexibilidad sin que se convierta en desastre, y qué parte de esto puede resolverte un software como Teser en cinco minutos de configuración.
Por qué no puedes tratar a todos los artistas igual (y no deberías intentarlo)
El error de fondo suele ser querer meter con calzador un precio único, un mismo horario de recepción de clientes y una única política de señal para todo el estudio. Es cómodo de explicar, pero no refleja la realidad: un artista de estilo fine line que tarda tres horas en una pieza pequeña no puede cobrar lo mismo por hora que uno de realismo que necesita sesiones de cinco horas. Uno prefiere trabajar de 10 a 15h porque tiene niños; otro solo entra a partir de las 16h porque hace noche los findes con eventos. Uno pide 30€ de señal porque trabaja con clientela más joven; otro pide 100€ porque sus piezas empiezan en 400€.
Forzar la uniformidad no soluciona el caos, lo esconde. Y cuando el cliente descubre la diferencia —porque la va a descubrir, hablan entre ellos o miran el Instagram del estudio— la sensación que le queda es de improvisación, no de criterio. El objetivo no es que todos cobren y trabajen igual, sino que cada diferencia esté documentada, sea visible para quien atiende al público y no dependa de la memoria de nadie.
Dónde se rompe todo: la recepción y el WhatsApp del estudio
Si tienes una persona en recepción, o si varios artistas comparten el mismo número de WhatsApp del estudio para atender consultas, ahí es donde el sistema se cae. Recepción no puede tener en la cabeza que Marta cobra 80€/hora, pide 50€ de señal y solo trabaja martes y jueves, mientras que Iván cobra por pieza, pide el 30% por adelantado y trabaja de miércoles a sábado. Si esa información vive solo en la cabeza de cada artista, cada consulta se convierte en un "espera que le pregunto" que retrasa la respuesta y da mala imagen.
La solución no es un Excel compartido que nadie actualiza a la segunda semana. Es tener, por artista, una ficha con su tarifa base, su política de señal y su disponibilidad, accesible para quien gestiona las reservas sin tener que interrumpir a nadie. En Teser esto se resuelve dando de alta a cada artista como un perfil independiente dentro del mismo estudio: cada uno con su propio calendario, su propia tarifa configurada, su propio importe de señal y sus propias reglas de cancelación. Cuando entra una consulta, quien la gestiona ve en pantalla exactamente qué aplica a ese artista concreto, sin tener que memorizar nada ni preguntar por el grupo de WhatsApp del estudio.
Horarios propios sin dobles reservas ni cabinas cruzadas
El segundo punto de fricción son los horarios. Si cada artista trabaja cuando quiere pero compartís dos o tres cabinas, necesitas que el horario de cada uno choque con la disponibilidad real del espacio, no solo con su propia agenda. Es habitual ver estudios donde dos artistas reservan la misma cabina a la misma hora porque cada uno gestiona su calendario por separado, en su móvil, sin cruzar datos con nadie.
Aquí la solución pasa por tener una agenda única del estudio donde cada artista tenga su columna, pero donde las cabinas también estén asignadas como recurso. Si Marta reserva cabina 2 de 10 a 13h los martes, ese hueco queda bloqueado para cualquier otro artista aunque tenga su propio horario libre en ese momento. Es la diferencia entre coordinar personas y coordinar personas más espacio físico, que es lo que de verdad genera los conflictos serios (dos clientes citados a la misma hora en la misma camilla, con material a medio montar).
Con un sistema de agenda compartida en tiempo real, este problema desaparece porque nadie reserva sobre un hueco que ya está ocupado, ni en persona ni en espacio. Y si un artista cambia su horario de forma puntual —por ejemplo, entra dos horas antes un día concreto—, ese cambio se refleja al momento para todo el equipo, sin llamadas ni notas de voz aclaratorias.
Señales distintas, mismo criterio de cobro
Con la señal pasa algo parecido a los horarios: cada artista puede pedir un importe distinto, pero el criterio de aplicación tiene que ser el mismo para todos si quieres evitar reclamaciones. Si Marta descuenta la señal del precio final y devuelve el 50% en caso de cancelación con 48h de aviso, e Iván no devuelve nada nunca pase lo que pase, vas a tener clientes comparando condiciones y sintiendo que unas son más "justas" que otras, aunque las dos sean legítimas dentro del estudio.
Lo razonable es fijar una política de cancelación única para todo el estudio —plazos de aviso, porcentaje de devolución, qué pasa si el artista es quien cancela— y dejar que solo el importe de la señal varíe según el artista y el tamaño estimado de la pieza. Esto simplifica la explicación al cliente ridículamente: "la política es la misma para todo el estudio, lo que cambia es cuánto se pide según el artista y el proyecto". Es una frase que cualquier persona en recepción puede repetir sin dudar, y que no da pie a que el cliente piense que hay favoritismos o improvisación.
Una función que ayuda bastante aquí es automatizar el cobro de la señal al confirmar la cita, con el importe ya preconfigurado según el artista elegido. Así nadie tiene que calcular a mano cuánto pedir ni acordarse de aplicar la política correcta: el sistema ya sabe que si reserva con Iván se pide el 30% del presupuesto, y si reserva con Marta se piden 50€ fijos, sin que la persona que gestiona la cita tenga que consultarlo en ningún sitio.
Que el cliente vea orden, no departamentos estancos
Todo esto tiene un efecto hacia fuera que muchas veces se subestima. Un cliente que llama y recibe una respuesta clara sobre precio, señal y disponibilidad de un artista concreto, sin titubeos ni "deja que le pregunte", percibe un estudio serio. Uno que recibe respuestas contradictorias entre dos personas del mismo local percibe justo lo contrario, aunque el trabajo final sea impecable.
La flexibilidad interna —cada artista con su tarifa, su ritmo, su forma de trabajar— no tiene por qué transmitirse como desorganización si por dentro tienes un sistema que centraliza esa información y la hace consultable al instante. La clave no es simplificar la realidad del equipo, sino dejar de depender de la memoria y del boca a boca para gestionarla.
Cierra el sistema, no lo improvises cada semana
Si ahora mismo la única forma de saber qué cobra cada artista de tu estudio es preguntándole directamente, o si las citas se cruzan porque cada uno lleva su calendario por su cuenta, no es un problema de personas: es un problema de sistema. Y se resuelve una sola vez, no cada semana.
Con Teser puedes dar de alta a cada artista con su propia tarifa, su propia política de señal y su propio horario, todo dentro de la misma agenda del estudio, cruzando también la disponibilidad de cabinas para que no se pisen entre ellos. Puedes probarlo gratis y montar la configuración de tu equipo en una tarde, sin depender de hojas de cálculo ni de notas pegadas en el espejo del baño.
Foto de portada de Dmitry Kropachev en Unsplash.


