Tabla de precios de tatuaje: por tamaño, zona y color

24 de septiembre de 2026 · Equipo Teser

Cada vez que presupuestas un tatuaje a ojo, estás tomando una decisión de negocio sin datos. Y cuando tienes que delegar esa decisión en un aprendiz, en un compañero de estudio, o simplemente en un formulario web, el problema se multiplica: si no existe un criterio escrito, cada persona cobra distinto por lo mismo. Este artículo no trata de cómo calcular un presupuesto puntual —eso ya lo hemos visto—, sino de cómo montar el sistema detrás: una tabla que puedas entregarle a otra persona, o programar en tu software, y que siga dando el mismo resultado sin que tú estés detrás corrigiendo cada caso. Si quieres ver cómo se automatiza esto en la práctica, en Teser puedes probarlo gratis y montar tu propia tabla en una tarde.

Por qué presupuestar a ojo te está costando dinero

Un tatuador que lleva ocho años en esto puede calcular un precio en la cabeza con bastante acierto. El problema no es la intuición, es la trazabilidad. Si cobras 180 € por una pieza y el mes siguiente 220 € por otra prácticamente idéntica, y un cliente lo comenta con otro, tienes un problema de confianza que no arreglas con más experiencia.

Además, la intuición no se puede delegar. Si contratas a un segundo artista, o si quieres que la recepción o el propio formulario de la web den una primera estimación, necesitas algo escrito: variables concretas, multiplicadores concretos, no "depende".

El coste real de no tenerlo no es solo la incoherencia entre presupuestos. Es el tiempo que pierdes explicando por qué cobras lo que cobras cada vez que alguien pregunta, y las horas de sesión que regalas porque calculaste mal el tamaño real de la pieza.

Las tres variables que de verdad mueven el precio

Antes de construir la tabla hay que aceptar que solo tres variables explican el 90% de la diferencia de precio entre dos tatuajes:

Tamaño. No en centímetros sueltos, sino en tiempo estimado de aguja. Un tatuaje de 10x10 cm de trazo fino no tarda lo mismo que uno de 10x10 cm con sombreado denso. Por eso conviene fijar un precio base por franjas de tamaño (por ejemplo: hasta 5 cm, 5-10 cm, 10-15 cm, 15-20 cm, y a partir de ahí por presupuesto cerrado) y no por centímetro cuadrado exacto, que es una ilusión de precisión que luego no se sostiene en la silla.

Zona del cuerpo. Costillas, esternón, manos o pies no son "un poco más caros": suponen sesiones más lentas, más pausas, más riesgo de tener que repetir trabajo por movimiento del cliente. Un recargo del 15-25% sobre el precio base en zonas complejas es razonable y defendible. Antebrazo o pierna, en cambio, van a precio base sin recargo en la mayoría de estudios.

Color y técnica. Aquí es donde más se pierde dinero. El color no es "un extra bonito", es más tiempo de máquina, más tinta, y en piezas grandes, más sesiones. Un realismo a color de 20 cm puede necesitar el doble de horas que un lineal del mismo tamaño. Fija un multiplicador claro: por ejemplo, blackwork o lineal = precio base; sombreado en negro = base x1,2; color simple = base x1,4; color con degradados o realismo = base x1,6-1,8. Estos números los ajustas a tu ritmo real, pero necesitas números, no sensaciones.

Cómo construir la tabla paso a paso

Empieza por tu propio histórico. Coge los últimos 20-30 tatuajes que hayas hecho, anota tamaño real, zona, técnica y horas que tardaste (no lo que cobraste, lo que tardaste). Eso te da tu coste real por hora de trabajo, que es la base sobre la que construir todo lo demás.

Define tu precio por hora efectivo, con margen. Si trabajas a 70 €/hora y una pieza mediana con sombreado en zona normal te lleva 3 horas, tu precio base es 210 €. Sobre ese número aplicas los multiplicadores de zona y color que hayas fijado.

Escribe la tabla en tres columnas: tamaño (franjas), zona (normal / complicada), técnica (lineal / sombreado / color). El precio final es precio base del tamaño × multiplicador de zona × multiplicador de técnica. Con eso, cualquier persona en tu estudio —o tú mismo dentro de seis meses, con la memoria fresca— puede reproducir el mismo presupuesto sin inventarse nada.

Deja un margen de ajuste manual del ±10% para casos raros (piel muy sensible, diseño con muchísimo detalle en poco espacio, clientes recurrentes). Pero que sea la excepción justificada, no la norma.

Delegar sin perder el control: qué necesita saber quien presupuesta por ti

Si tienes aprendices, compañeros de estudio o alguien que atiende WhatsApp por ti, la tabla solo funciona si va acompañada de tres reglas simples:

Primera, qué franjas de tamaño existen y cómo medirlas sobre la piel, no sobre el diseño en papel (un diseño de 15 cm en A4 no mide 15 cm en el brazo).

Segunda, qué zonas están marcadas como "complicadas" y llevan recargo. Aquí conviene tener una lista cerrada: costillas, esternón, manos, pies, cuello, cabeza. Todo lo demás es zona normal salvo que tú digas lo contrario.

Tercera, qué preguntas hacer siempre antes de dar un número: tamaño aproximado, zona exacta, si lleva color o no, y si es cobertura de un tatuaje anterior (esto último casi siempre añade tiempo y merece su propio recargo, entre un 20 y un 30% adicional, porque hay que trabajar sobre tinta existente).

Con estas tres reglas escritas, cualquier persona puede dar un presupuesto orientativo correcto en la primera respuesta, sin tener que consultarte cada vez ni improvisar un número que luego tienes que corregir delante del cliente.

Automatizar la tabla en lugar de repetirla a mano

Aquí es donde la tabla en papel se queda corta. Puedes tenerla perfectamente definida y seguir perdiendo media hora al día escribiendo el mismo cálculo en WhatsApp. En Teser puedes cargar tu tabla de precios como reglas del sistema: franjas de tamaño, recargos por zona, multiplicadores por técnica y por cobertura. Cuando alguien rellena el formulario de contacto o tu equipo introduce los datos del cliente, el presupuesto se genera solo, con el mismo criterio cada vez, y queda guardado junto a la ficha del cliente para la sesión de valoración presencial.

Esto no sustituye la valoración final en persona —el tatuaje definitivo siempre necesita verse sobre la piel—, pero sí filtra desde el primer mensaje a quien busca un precio con el que ni de lejos vas a trabajar, y le da a tu equipo un número defendible sin tener que interrumpirte quince veces al día. El resultado práctico: menos conversaciones de WhatsApp para llegar al mismo presupuesto, y ningún cliente que compare cifras distintas entre dos personas de tu propio estudio.

Una tabla que no se toca cada mes

Una tabla de precios bien construida no necesita revisión constante. Se ajusta dos veces al año como mucho: cuando sube tu coste de material o alquiler, o cuando decides subir tu tarifa por hora porque tu demanda lo permite. Fuera de eso, cuanto menos la toques, más confianza genera, tanto en tu equipo como en tus clientes recurrentes que comparan precios de una sesión a otra.

Si todavía calculas cada presupuesto desde cero, el primer paso no es aprender más fórmulas, es escribir las que ya usas y convertirlas en regla fija. Y si quieres que esa regla se aplique sola, sin que tengas que estar pendiente de cada mensaje, puedes probar Teser gratis y ver cómo tu propia tabla de precios se convierte en un presupuesto automático desde el primer contacto.


Foto de portada de HIVAN ARVIZU @soyhivan en Unsplash.

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