Comisión, alquiler fijo o mixto: qué modelo elegir en 2026
6 de agosto de 2026 · Equipo Teser

Antes o después, todo dueño de estudio se hace la misma pregunta: ¿cobro un porcentaje de cada trabajo o alquilo la cabina por un fijo mensual? La respuesta cambia según el volumen del estudio, la reputación de cada artista y cuánto riesgo estás dispuesto a asumir tú frente al que asume el tatuador. No hay modelo bueno o malo, hay modelos que encajan con una situación concreta y que en otra te hacen perder dinero o artistas. Vamos a los números.
El modelo de porcentaje: quién gana cuando hay poco trabajo
El reparto por comisión —habitualmente entre el 30% y el 50% para el estudio— es el más extendido porque parece justo: si el artista no trabaja, tú no cobras nada, pero tampoco pierdes. El problema aparece en los meses flojos. Un tatuador que factura 1.800€ en enero y te deja un 40% te da 720€. Si tu cabina, con luz, agua, alquiler del local prorrateado y limpieza, te cuesta 500€ al mes mantenerla operativa, el margen real es de 220€. Y eso sin contar el tiempo que dedicas a gestionar citas, presupuestos y cobros de ese artista.
Ahora súmale otro problema menos visible: el porcentaje incentiva que el estudio presione, aunque sea sin querer, para que se suban precios o se acepten más trabajos de los que el artista puede hacer bien. Cuando el ingreso del local depende de la facturación de cada sesión, la conversación sobre "cuánto cobras esto" deja de ser neutral.
Donde el porcentaje funciona bien es con artistas nuevos o con agenda irregular, porque reparte el riesgo entre las dos partes. Si un tatuador junior tiene semanas sin citas, tú tampoco cargas con esa cabina vacía como una pérdida fija. Es el modelo lógico cuando aún no hay datos suficientes para saber qué va a facturar alguien.
El alquiler fijo: previsible para ti, arriesgado para el artista
Con el alquiler fijo —pongamos 400€ a 900€ mensuales según ciudad y estudio— tú sabes exactamente qué vas a ingresar cada mes, sin depender de si el artista tiene una buena o mala racha. Esto simplifica muchísimo la contabilidad y te permite planificar gastos fijos del local sin sobresaltos.
Pero el riesgo se traslada entero al tatuador. Si un mes factura 900€ y paga 600€ de alquiler, le quedan 300€ antes de materiales, cuota de autónomo (unos 230€ al mes en tarifa plana el primer año, más después) e IRPF. Es un mes de pérdidas reales para esa persona. Esto tiene una consecuencia directa: los artistas con alquiler fijo tienden a aceptar cualquier trabajo, aunque no les convenza el diseño o el cliente, porque necesitan cubrir el fijo cueste lo que cueste. A medio plazo eso afecta a la calidad del portfolio del estudio, que es lo que atrae a nuevos clientes.
El alquiler fijo funciona con artistas consolidados, con agenda llena y lista de espera, donde el riesgo de un mes flojo es bajo porque prácticamente no existe. Para alguien con 4.000€ de facturación mensual estable, pagar 700€ fijos es mucho más barato que pagar un 40% (que serían 1.600€). Ahí el fijo beneficia claramente al artista, y muchos estudios lo saben y lo usan como reclamo para retener a sus tatuadores con más nombre.
El modelo mixto: por qué cada vez se usa más
El mixto combina un alquiler base reducido con un porcentaje menor sobre lo que se factura por encima de un umbral. Por ejemplo: 300€ fijos al mes más un 15% sobre lo que supere los 2.000€ de facturación. Si el artista factura 1.500€, paga solo 300€. Si factura 3.500€, paga 300€ más el 15% de 1.500€ (225€), total 525€.
Este modelo protege al estudio en los meses buenos sin castigar tanto los meses malos del artista. Es más complejo de calcular y de explicar —necesitas llevar bien registrado cuánto factura cada uno mes a mes, algo que sin una herramienta de gestión se convierte en hojas de Excel que nadie revisa a tiempo—, pero suele ser el que genera menos fricción a largo plazo porque ninguna de las dos partes carga con todo el riesgo.
La pega real del mixto es la transparencia. Si el artista no confía en que el estudio calcula bien la facturación mensual, puede sospechar de cada cifra. Aquí conviene que el desglose de cada mes —número de citas, importe cobrado, importe de materiales si se descuentan aparte— esté siempre disponible para el artista, no solo para el dueño. Los conflictos por comisiones casi nunca son por el porcentaje en sí, son por la falta de un dato claro y comprobable.
Qué pasa con los materiales y quién los paga
Este punto se olvida en casi todas las negociaciones iniciales y luego genera la mitad de las discusiones. ¿Las agujas, tintas y consumibles los pone el estudio y se descuentan del bruto antes de calcular el porcentaje, o los compra cada artista aparte? Si un tatuador gasta 150€ al mes en material y el estudio se lo descuenta antes del reparto, el porcentaje efectivo que se lleva el estudio es más alto de lo que parece sobre el papel.
Ejemplo con números: facturación de 2.000€, material de 150€, base para el reparto de 1.850€, comisión del 40% para el estudio son 740€. El estudio se está llevando en realidad el 37% de la facturación bruta, no el 40% nominal, pero el artista tiene la sensación de estar pagando más porque ve el descuento de material antes. Aclarar esto por escrito desde el primer día —qué se descuenta, cuándo y con qué justificante— evita más problemas que discutir si el porcentaje debe ser del 35% o del 40%.
Cómo decidir según el momento de tu estudio
Si tienes un estudio con 2 o 3 artistas de agenda irregular y estás empezando a construir reputación de zona, el porcentaje reparte mejor el riesgo mientras no tienes datos históricos de facturación. Si tienes artistas con lista de espera de semanas y facturación estable mes tras mes, el alquiler fijo te da previsibilidad y a ellos les sale más barato. Si tu estudio está en un punto intermedio, con algunos meses buenos y otros flojos según la época del año —muy habitual en zonas turísticas, donde julio y agosto no tienen nada que ver con febrero—, el mixto amortigua esa estacionalidad para ambas partes.
Una cosa que sí conviene hacer, sea el modelo que elijas: revisar los números cada seis meses, no dar por sentado que el acuerdo firmado hace dos años sigue siendo justo hoy. Un artista que ha pasado de facturar 1.500€ a 4.000€ mensuales en un año está pagando de más si sigue con el mismo porcentaje pensado para cuando empezaba. Y al revés: si un alquiler fijo se quedó corto porque los costes del local han subido, seguir sin actualizarlo es perder dinero mes tras mes sin darte cuenta.
Cierre: el modelo importa menos que la claridad
El error más caro no suele ser elegir mal entre porcentaje, fijo o mixto. Es no tener claro, por escrito y accesible para todos, cómo se calcula cada mes lo que cada uno cobra. Un buen modelo mal explicado genera las mismas broncas que un mal modelo bien explicado evita. Sea cual sea el que uses, que cada artista pueda ver su propio desglose de facturación, comisiones y descuentos sin tener que pedírtelo por WhatsApp cada fin de mes te va a ahorrar más tiempo y más conflictos que cualquier ajuste en el porcentaje. Herramientas como Teser permiten llevar ese control de citas y facturación por artista de forma ordenada, algo que facilita bastante la conversación cuando llega el momento de revisar números.
Foto de portada de Gabriel Ogulu en Unsplash.


