Presupuestar tatuajes por tamaño, zona y color sin fallar
8 de septiembre de 2026 · Equipo Teser

Si cada presupuesto te lleva diez minutos de cálculo mental y aun así dudas si te estás pasando o te estás quedando corto, el problema no es tu ojo clínico: es que no tienes un sistema. Y sin sistema, cada presupuesto es una negociación contigo mismo. Aquí va uno que puedes montar en una tarde y usar durante años, con ajustes menores.
Antes de seguir: si además de calcular el precio tienes que reescribirlo veinte veces por WhatsApp, en Teser puedes guardar tu tabla de precios y generar el presupuesto en un par de clics, con el desglose ya calculado.
Por qué presupuestar "a ojo" te está costando dinero
Calcular a ojo funciona cuando llevas quince años y has tatuado de todo. Pero incluso entonces falla en dos direcciones: te quedas corto en piezas complicadas porque las infravaloras por costumbre, o te pasas en piezas simples porque compensas inconscientemente el mal rato del presupuesto anterior.
El problema real es la inconsistencia. Si dos clientes con proyectos de tamaño y complejidad similar reciben presupuestos con 40€ de diferencia porque uno te pilló un lunes de mal humor, tarde o temprano se comparan entre ellos —o peor, dejan reseñas comparando precios— y tu estudio pierde credibilidad de precios. Un cliente que se siente "mal cobrado" respecto a otro no vuelve, aunque el resultado del tatuaje sea perfecto.
Una tabla de precios no es burocracia: es lo que te permite responder en 30 segundos a un DM de Instagram sin tener que pararte a pensar, y es lo que te permite delegar presupuestos a un aprendiz o a quien lleve la recepción sin que meta la pata.
La base: precio por cm² o por rango de tamaño, tú eliges
Hay dos escuelas y ambas funcionan si las aplicas con disciplina.
Precio por cm² (o por franjas de cm²): mides el diseño en su tamaño real y aplicas un precio por centímetro cuadrado que baja ligeramente cuanto más grande es la pieza, porque el tiempo por cm² se reduce en superficies grandes. Por ejemplo:
- Hasta 50 cm²: 1,20€/cm² (mínimo 60€)
- De 50 a 150 cm²: 1€/cm²
- De 150 a 400 cm²: 0,80€/cm²
- Más de 400 cm²: presupuesto por sesiones, no por cm²
Precio por rango de tamaño: más simple, menos preciso, pero más rápido de comunicar. Defines franjas (hasta 5 cm, hasta 10 cm, hasta 15 cm...) con un precio cerrado cada una. Es el sistema que mejor funciona si tu estilo es fine line o lettering, donde el tamaño lineal importa más que la superficie.
Elige uno. No mezcles los dos sistemas para piezas distintas, porque es exactamente lo que genera la sensación de arbitrariedad que comentábamos antes.
Zona del cuerpo: el multiplicador que casi nadie aplica bien
El tamaño no cuenta toda la historia. Una pieza de 10 cm en el antebrazo y la misma pieza en las costillas no cuestan lo mismo en tiempo real, porque en zonas difíciles trabajas más despacio, paras más y el resultado exige más control.
La forma más limpia de resolverlo es un multiplicador por zona sobre tu precio base:
- Zonas fáciles (brazo, pierna, espalda plana): x1
- Zonas medias (hombro, pecho, gemelo): x1,15
- Zonas difíciles (costillas, esternón, manos, pies, cuello): x1,3
- Zonas muy difíciles (dedos, orejas, genitales, palma de la mano): x1,5 o presupuesto cerrado aparte
No hace falta que lo publiques con esas etiquetas exactas, pero sí que lo tengas fijado internamente para no improvisar. Si un cliente pregunta por qué las costillas cuestan más que el brazo con el mismo diseño, tienes una respuesta objetiva en vez de "porque sí, duele más" (que además no es el motivo real: el motivo es tu tiempo y tu precisión, no su dolor).
Color, sombreado y blackwork: otro multiplicador, no un precio aparte
Aquí es donde más estudios se lían. El color no es un "extra" que se suma en bloque de 20€: es un factor que afecta al tiempo de trabajo, así que trátalo como multiplicador sobre el precio base, igual que la zona.
- Línea fina sin sombreado: x1
- Blackwork con sombreado: x1,2
- Color de una o dos tintas: x1,3
- Color complejo (degradados, realismo a color, más de 4 tintas): x1,5 a x1,8
Si combinas zona difícil y color complejo, multiplicas ambos factores sobre el precio base, no los sumas como cantidades fijas. Un diseño de 100 cm² en costillas a color complejo no es "precio base + 20€ zona + 30€ color": es precio base x 1,3 (zona) x 1,6 (color), lo que da una cifra mucho más honesta con el tiempo real que vas a invertir.
Esto es exactamente lo que se rompe cuando presupuestas a ojo: la mente humana no multiplica factores en cadena de forma intuitiva, así que sin una fórmula escrita, sistemáticamente infravaloras las piezas que combinan varias dificultades.
Cómo montar la tabla para poder delegarla o automatizarla
Una tabla de precios solo sirve si la puede usar alguien que no seas tú. Eso significa tres cosas:
- Todo en una sola hoja o pantalla: precio base por tamaño, multiplicador de zona, multiplicador de color, y un mínimo de presupuesto que nunca se cobra por debajo (para que una pieza minúscula no salga a 8€ y te haga perder tiempo de cabina).
- Reglas de redondeo claras: decide de antemano si redondeas al alza siempre, al múltiplo de 5€ más cercano, etc. Sin esto, cada presupuesto termina en un número raro tipo 67,40€ que nadie entiende ni recuerda.
- Casos frontera resueltos por escrito: qué pasa con retoques de piezas antiguas hechas por otro artista, qué pasa si el cliente trae su propio diseño ya medido, qué pasa con sesiones de más de 4 horas. Si no lo decides tú una vez, lo decide cada cliente por negociación, y siempre gana el cliente.
En Teser puedes cargar esta tabla como base de tus servicios: defines el precio por tamaño, activas los multiplicadores de zona y complejidad, y el presupuesto se genera automáticamente cuando cargas una nueva consulta, listo para enviar por WhatsApp o guardarlo en la ficha del cliente. Así cualquiera de tu equipo presupuesta igual que tú, y tú dejas de recalcular lo mismo cada semana.
Cuándo romper la tabla (y cómo hacerlo sin desmontar el sistema)
Una tabla rígida al 100% también falla. Hay piezas —cover-ups complicados, proyectos de varias sesiones con concepto propio, clientes habituales con los que tienes otro tipo de relación— que merecen presupuesto cerrado fuera de fórmula. Eso está bien, siempre que sea la excepción y no la norma, y siempre que tú sepas por qué te sales de la tabla en ese caso concreto.
La regla práctica: si te sales de la tabla más de una vez por semana, la tabla está mal calibrada, no el cliente. Revisa los multiplicadores cada seis meses con datos reales: cuántas horas te llevó de verdad cada tipo de pieza frente a lo que cobraste. Ese contraste es el único ajuste que necesita tu tabla para seguir siendo justa.
Para cerrar
Una tabla de precios bien construida no te quita el criterio artístico ni la negociación cuando toca: te ahorra la parte mecánica para que puedas dedicar tu energía a lo que realmente exige tu ojo profesional, que es el diseño, no la calculadora. Si quieres dejar de rehacer presupuestos a mano y tener esa fórmula lista para usar en segundos, puedes probar Teser gratis y montar tu tabla de precios en una sola sesión de trabajo.
Foto de portada de Vitaly Gariev en Unsplash.


