Porcentaje, alquiler o mixto: cálculo real para tu estudio
11 de agosto de 2026 · Equipo Teser

Cambiar de modelo de pago con tu equipo no es solo una decisión de porcentajes: es tocar el sueldo de gente que depende de eso para vivir, y cada modelo mueve incentivos que luego se notan en la agenda, en la calidad del trabajo y en quién se queda y quién se va. Aquí no hay un modelo "correcto": hay tres formas de repartir el riesgo entre el estudio y el tatuador, y cada una tiene una cuenta de resultados distinta según el volumen de trabajo que muevas.
Por qué esta decisión pesa más de lo que parece
Un estudio con cuatro tatuadores que factura 18.000€ al mes no gana lo mismo con un 50/50 que con alquiler fijo de 500€ por cabina, y la diferencia no es un matiz: puede ser de varios miles de euros mensuales en un sentido o en otro. El problema es que muchos estudios copian el modelo que vieron en otro sitio sin hacer el cálculo con sus propios números, y descubren el error seis meses después, cuando ya han perdido a un tatuador bueno o cuando la caja no cuadra.
Además, el modelo de pago condiciona el comportamiento. Con comisión, el tatuador tiene interés en que el estudio esté lleno y bien gestionado. Con alquiler fijo, el interés es puramente suyo: cuanto más factura, más se queda, y al estudio le da igual si ese día trabaja ocho horas o dos. Esto no es teoría: se nota en cómo trata cada uno la recepción, las redes del estudio o los clientes que llegan sin cita previa.
Comisión: qué implica en la práctica
El reparto por porcentaje (habitualmente entre 50/50 y 70/30 a favor del tatuador) es el modelo más extendido en España porque reparte el riesgo: si el mes es flojo, el estudio gana menos, pero no tiene que sostener una nómina fija sin ingresos que la cubran.
La cuenta es sencilla de hacer pero se olvida a menudo: si tienes un tatuador al 60/40 que factura 4.000€ al mes, te quedan 1.600€. De ahí tienes que descontar el material que usa esa persona, la parte proporcional de alquiler del local, luz, seguros y el tiempo que tú o tu recepción dedicáis a gestionarle la agenda. En estudios pequeños, ese 1.600€ se queda en 800-900€ reales una vez restado todo, y ahí es donde muchos dueños de estudio se dan cuenta de que la comisión, si el volumen es bajo, apenas cubre gastos.
El problema práctico de la comisión aparece con los tatuadores de nombre hecho: si alguien ya tiene clientela propia y agenda llena, el 40-50% que se queda el estudio empieza a parecerle caro, porque siente que está pagando por un espacio que ya no necesita para captar trabajo. Ahí es cuando llegan las conversaciones incómodas de renegociación, o directamente la marcha del tatuador a montar su propio local.
Alquiler fijo: previsibilidad a cambio de renunciar a parte del margen
El alquiler fijo (una cantidad mensual, por ejemplo entre 400€ y 900€ según ciudad y tamaño de cabina) le da al estudio un ingreso previsible: sabes exactamente cuánto vas a cobrar independientemente de si ese tatuador tiene un mes flojo o uno espectacular. Esto es especialmente útil si tu estudio tiene gastos fijos altos (local grande, varias cabinas, personal de recepción) y necesitas cubrir ese suelo mes a mes sin depender de la facturación de terceros.
La contrapartida es que renuncias a la parte alta: si ese tatuador tiene un mes de 7.000€ facturados, tú sigues cobrando los mismos 600€ de alquiler. En un estudio con tatuadores de nivel alto y agenda llena, esto puede suponer perder varios miles de euros al mes comparado con lo que ganarías en comisión.
Hay un problema menos hablado: el alquiler fijo desalinea los incentivos de gestión. Si el tatuador paga lo mismo trabaje lo que trabaje, no tiene ningún motivo para colaborar en la promoción del estudio, atender bien al cliente que entra a preguntar precios de otro compañero, o participar en la vida común del local. Cada cabina se convierte, en la práctica, en un negocio independiente bajo el mismo techo, y eso genera fricciones cuando llega el momento de repartir gastos comunes (limpieza, publicidad conjunta, eventos) que unos ven como una inversión y otros como un gasto que no les afecta.
El modelo mixto: la opción que más se usa mal
El mixto combina una base fija más baja (por ejemplo 200-300€) con un porcentaje reducido sobre lo facturado (10-20%). En teoría reparte mejor el riesgo: cubre parte de tus costes fijos incluso en meses malos y te da algo de la parte alta cuando el tatuador tiene un buen mes.
El problema del mixto es que exige un cálculo constante que muchos estudios no automatizan: hay que llevar registro exacto de qué ha facturado cada tatuador cada mes, aplicar el porcentaje correcto, descontar la base ya cobrada y comunicarlo con claridad. Si esto se hace a mano o con una hoja de cálculo mal mantenida, aparecen errores, y los errores en el dinero de alguien generan desconfianza rápido, incluso cuando son involuntarios.
Además, el mixto solo tiene sentido si haces bien la cuenta de partida: la base fija tiene que cubrir al menos tus costes directos por cabina (proporción de alquiler, suministros, seguro), y el porcentaje tiene que ser lo bastante bajo como para que no sea, en la práctica, una comisión disfrazada con un colchón fijo encima. Si pones una base de 300€ y un 40% de comisión, no has hecho un mixto: has hecho una comisión con paga mínima garantizada, que es otra cosa y tiene otras consecuencias sobre cómo negocia el tatuador contigo.
Cómo hacer el cálculo con tus propios números
Antes de elegir modelo, hay tres cifras que necesitas tener claras por cabina: coste fijo mensual que te supone esa cabina (alquiler proporcional, suministros, seguro, amortización de equipo), facturación media histórica de ese puesto en los últimos seis meses, y variabilidad de esa facturación (si oscila poco entre 3.000€ y 3.500€, o si salta entre 1.500€ y 6.000€ según el mes).
Con esos tres datos puedes simular: calcula cuánto habrías ganado los últimos seis meses con cada modelo aplicado a la facturación real de esa cabina. En estudios con facturación estable, el alquiler fijo casi siempre gana para el estudio a medio plazo. En estudios con facturación muy variable o con tatuadores nuevos que aún no tienen clientela propia, la comisión protege mejor porque no fuerza pagos que ese mes no vas a poder generar.
Un error frecuente es aplicar el mismo modelo a todo el equipo sin distinguir perfiles. Un tatuador con clientela propia consolidada y un aprendiz recién incorporado no deberían tener la misma estructura de pago, porque el riesgo que asume cada uno frente al estudio es completamente distinto. Muchos estudios que funcionan bien usan modelos diferentes según la fase de cada tatuador: comisión alta al principio, y transición a mixto o alquiler cuando esa persona ya trae clientela estable.
Lo que no cambia sea cual sea el modelo
Elijas lo que elijas, dos cosas son innegociables: el modelo tiene que estar por escrito, con fechas de revisión pactadas (no algo que se negocia de palabra y se reinterpreta cada vez que hay un mes malo), y tienes que poder ver en cualquier momento qué ha facturado cada tatuador sin tener que reconstruirlo a mano al cierre de mes. Esto último es lo que más tiempo roba en estudios que llevan las citas y los cobros repartidos entre agenda de papel, WhatsApp y una hoja de Excel: llegar a fin de mes y no saber con certeza cuánto le corresponde a cada uno genera más conflictos que el propio modelo elegido.
Si gestionas varias cabinas y necesitas tener esa facturación por tatuador siempre a mano, sin recalcularla cada vez, herramientas como Teser permiten llevar ese control de forma centralizada. Pero antes de mirar herramientas, haz el cálculo con tus números reales: es el paso que la mayoría se salta, y es el que de verdad decide si el modelo que elijas te va a funcionar.
Foto de portada de Gabriel Ogulu en Unsplash.


